AGUA, ¿PROPIEDAD PRIVADA?
Alberto Mendoza Morales

La guerra mundial del agua ya comenzó. Será más dura que la del petróleo. En el Medio Oriente, medida gota a gota, enfrenta a árabes e israelíes.

70% de la superficie del planeta es agua, igual que en el cuerpo humano. La mayor parte es salada. El agua dulce es apenas 3% del total; 95% es agua subterránea; 5% corre en ríos y se represa en lagunas; 10% la consume la gente; 65% va a la agricultura; 25% a la industria.

Ríos y quebradas suelen desviarse por canales y túneles para servir ciudades. Así en Bogotá y Ciudad de México. Se usan, también, como alcantarillas y botaderos de basuras; sucede en Colombia.

El agua del planeta es agotable; en los continentes disminuye. La demanda es cada vez mayor de acuerdo con el crecimiento de la población. Hoy hay menos agua que la que existía en la época de Adán y Eva (ocho mil años atrás según la Biblia). El agua que queda, al tiempo que disminuye, debe servir a 6.500 millones de personas.

La venta del agua se volvió negocio. Es el negocio de hoy y de mañana. Vendrá el de la venta del aire. El mundo empresarial se apropia del agua. El agua privatizada es cara, como la que se vende en botellas. La ofensiva empresarial privatizó el agua de Chile. El acuífero amazónico está en peligro de caer en manos privadas lo mismo que la región del Guaraní. La banca mundial aconseja y financia la privatización del agua. Los países, mientras tanto, renuncian a su propiedad pública, sabiendo que agua es vida.

Agua y aire son patrimonio de la humanidad. Es de la ética de los gobiernos preservar el agua bajo dominio público, disponible para las generaciones presente y venideras. Cada localidad, cada vereda, cada municipio están obligados a vigilar y cuidar sus aguas. Para ello deben controlar el uso del suelo y de las aguas y protegerlos con leyes rigurosas.

 

 

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