SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE COLOMBIA

Homo viator

EL SER SITUADO

Alberto Mendoza Morales

Ser situado es aquella persona que se ha contestado preguntas básicas, ¿dónde estoy? ¿de dónde vengo? ¿para dónde voy? Identifican a quienes indagan sobre su ser, su posición frente al mundo, la dimensión de su tarea. Se distinguen entre quienes actúan sin saber, son ciegos; entre quienes sabiendo carecen de concepción, son gratuitos; entre quienes teniendo que actuar no lo hacen, son tránsfugas. El ser situado, para responderse, acude a las áreas básicas del saber y el actuar. Responde a una trilogía dinámica, filosofía que es concepción, ciencia que es conocimiento, política que es acción. Cada área enriquece las otras.

El filósofo entrega convicciones sobre temas de debate. Aborda las causas últimas de los fenómenos sensibles. Aporta visión del mundo. Ayuda a dirigir el curso de nuestras vidas. Nos lleva a entender el ser (ontología), a distinguir entre lo “bueno” y lo “malo” (ética), a mejorar nuestro conocimiento de la realidad (epistemología), a distinguir lo importante de lo secundario (axiología), a organizar nuestro pensamiento (lógica), a gozar los bienes de la naturaleza (estética). El científico entrega conocimientos, conduce a las certezas. El político actúa en la vida pública y privada. Cuando es auténtico entrega a sus conciudadanos orientaciones fundadas en la ética del bien común. Está llamado, por encima de todo, a exponer ideas sobre cuestiones de Estado, a someterlas al escrutinio público, a llevarlas a la práctica en actos de gobierno. Concepción y conocimiento le dan capacidad para ejercer la “técnica de hacer decisiones” sobre situaciones críticas que plantea la sociedad. Filósofos, científicos y políticos atienden multilaterales desafíos que plantean los pueblos. Sobrepasan la lucha por el haber, el tener y el poder. Todos influyen en la pedagogía pública donde se preparan y actúan nuevas generaciones, donde los filósofos muestran alternativas, los maestros entregan directrices, los políticos prestan servicios de Estado, todos, sin excepción, desafiados por la esquiva práctica de la ética del bien común.

Entre todos se distingue la persona que va, el peregrino, el homo viator. Un ser que no es gratuito. Transita su ruta. Recorre caminos sembrados de dificultades. Lo determinan sus coordenadas existenciales, las disciplinas que maneja, su experiencia, su acción en la sociedad. Plantea problemas, ofrece soluciones. Su actividad instructiva y educativa, le confiere entre sus conciudadanos efecto gravitacional, con lo cual los induce a obrar. En su perspectiva máxima, el homo viator alcanza la maestría de aquel que choca, incita y rompe esquemas.

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