SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE COLOMBIA

RECURSOS HUMANOS Y SOCIEDAD DE BORREGOS

(Artículo de Alberto Mendoza Morales publicado el lunes 3 de agosto de 1970 en el diario “El Espectador” de Bogotá,).

Hemos adquirido en Colombia la curiosa costumbre de tratar a las personas como “recursos humanos”, es decir, como si fueran muebles o semovientes. Por todas partes, en efecto, se oyen y leen expresiones que califican a las personas de “recursos humanos”, “materia prima” o “capital humano”. También las llaman “mano de obra” o “cerebros”. Todos estos calificativos, abstractos e inadecuados, de procedencia industrial-marcantilista, delatan sumariamente el problema central de nuestra sociedad: la desvalorización de la gente. Tratamos al hombre como si fuera factor de producción, uno entre varios. No distinguimos entre fines y medios. Esto es lo que los axiólogos llaman “aberración estimativa”.

RECURSOS RENOVABLES

Tratadas las personas como “recursos”, se les adjudica categoría instrumental de metal o petróleo que son recursos no renovables, o de vegetales que son recursos renovables. Según tan repelente y extendida manera de mirar a nuestro próximo, las personas serían recursos renovables. Rápidamente renovables, por cierto, si nos atenemos a los explosivos índices de aumento de población.

La moda de considerar a la gente como recurso, se originó en dos distinguidos profesores universitarios norteamericanos, los doctores Harbison y Myers. Para ellos las personas son “manpower” por lo menos poder humano. Ante los “recursos” salta a la vista que nos hallamos ante descomunal confusión de categorías, ante honda falsificación de la realidad. Denuncian estos hechos, sin equívocos, el desmedrado aprecio que sentimos por las personas. Una corrección en estos conceptos es obviamente imperativa.

INVENTARIO DE GENTES

Recurso es medio. Los medios son objetos naturales de uso y manipulación. Avaluado el hombre como recurso abrimos la puerta a su “uso” o “cosificación”. Legitimamos la manipulación de los unos por los otros.

Como recurso, el hombre ya no es ni siquiera censado, es inventariado. No se me haría extraño que los colombianos, o sea los “recursos humanos” de este país, estemos por ahí inscritos en las listas que hacen los “expertos”, junto con las sillas, las escobas y los escritorios de las instituciones a que pertenecemos.

LOS DESARROLLISTAS

¿Quiénes son los que nos han metido en los vericuetos de los “recursos humanos”? los desarrollistas. Llano desarrollistas a aquellas personas, generalmente con posiciones dirigentes en la sociedad, cuya realidad se agota en lo económico; fuera de la dimensión monetaria, aparte de producción e insumos, no reconocen ni captan ninguna otra realidad en el universo.

El desarrollista se alucina. Habla del desarrollo como de una “nueva religión”. De la educación dice que es “gasto de inversión” y así la tolera, aun cuando algunos de ellos sostienen que la educación es “gasto de consumo”. Los desarrollistas más audaces están proponiendo el “mercado común educativo” para América Latina.

El desarrollista, finalmente, se enajena. Transpone la jerga económica a su sistema total de vida y trabajo. Pierde las referencias. Lo más trágico es que políticos, sociólogos, pedagogos, etc., se han dejado arrastrar por los desarrollistas, a quienes acolitan, con lo cual contribuyen a propagar el daño social.

EDUCACIÓN

El desvario de los desarrollistas ha penetrado profundamente el ámbito educativo. Las consecuencias se advierten de manera muy clara en las universidades.

Los desarrollistas y sus seguidores llaman a la universidad “fábrica”; a los estudiantes “clientela”; organizan la universidad como si fuera una gran tienda con “departamentos” y “créditos”; crean “bancos de datos” parapetan el andamiaje institucional para producir “recursos humanos”.

El proceso educativo lo reducen a encajar al estudiante en el orden comercialista establecido, a “amaestrarlo” o “adiestrarlo”, como dicen, en alguna de las profesiones llamadas “liberales”. En el manejo de la universidad se detienen en lo externo: administración, horarios, equipos, edificios, programas. La sustancia, sin embargo, no aparece por ninguna parte.

EL HOMBRE ES CENTRO

Si queremos un país de hombres libres, de gente culta, de “hombres hasta los tuetanos”, debemos comenzar por cambiar la menguada concepción que tenemos de nosotros mismos y de los demás. No somos “recursos”. Somos el fin de la acción, propia y social. Si reflexionamos un poco nos daremos cuenta de que el ser humano es el mayor bien con que cuenta una comunidad y de que, tratar a las personas como “recursos humanos” es irrespeto increíble, solamente excusable si aceptamos que quien así las califica no sabe realmente lo que está diciendo.

El animal es amaestrable y usable para diversas faenas en beneficio del hombre; nuestro prójimo es educable, posee atributos únicos, resortes íntimos que pueden conducirlo a insospechables niveles de ascenso y perfección. No debemos confundir hombre y animales.

Educación es opuesta a amaestramiento. En aquella aflora el hombre, en este se expone el animal. Por eso se dice de la educación que es el proceso más auténticamente humano presente en el hombre.

Aquí tenemos pues la alternativa: o aceptamos la calidad finalista del hombre, su cualidad central, o siguiendo a los desarrollistas, lo manipulamos como “recurso humano”. En el cual tendremos pronto en Colombia una sociedad de autómatas, un rebaño, una asociación de borregos.

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