SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE COLOMBIA

DEFENSA CONTRA LA IMPUNIDAD

Alberto Mendoza Morales

El tema de la impunidad produce inquietudes e interrogantes. Lino Rodríguez dice, “me crea enorme peso en la conciencia saber que, como parte de esta sociedad enferma, estoy contribuyendo a sostener ese estado lamentable”. Y pegunta “¿Por qué nosotros, ajenos a las actuaciones del gobierno, hemos de soportar ese estigma en la conciencia? ¿Cual es la solución para que dejemos de ser utilizados en forma tan infame? ¿Cómo sacudirnos ese estigma? ¿Qué podemos hacer?”

La in-justicia de la que habló y fue víctima el líder indígena Quintín Lame, se mantiene y permea la vida nacional. Es la oscura situación que otorga plena vigencia a la frase de San Agustín, “una sociedad que renuncia a la justicia parece una partida de bandidos”.

Un primer punto está en contestar que no somos ajenos al gobierno, ni a ninguna circunstancia pública que aflore en la vida de la nación. Existimos dentro de una estructura que nos incumbe a todos, que es responsabilidad de todos. Otra cosa es que nos hayamos evadido y puesto por fuera como víctimas y espectadores pasivos de lo que sucede a diario, en lugar de ser sujetos activos que determinan el curso de la república.

Establecer en Colombia la sociedad de la justicia reclama muchas y muy complejas acciones. Una acción práctica e inmediata es crear la Rama Ética del poder público. La propuso el Libertador Simón Bolívar. Sería un poder autónomo, independiente. El poder del control instalado formalmente en el corazón del ethos público. Tendría profundos efectos en la vida de la nación. Ese poder estaría formado por la asociación creativa del conglomerado de instituciones que vigilan los comportamientos públicos. Ahí se cuentan, de abajo hacia arriba, los Personeros en los municipios (elegidos por voto popular); la red de veedurías ciudadanas; las Contralorías departamentales; el Zar Anticorrupción; la Defensoría del Pueblo; la Contraloría General de la República; la Procuraduría General de la Nación; la Corte Constitucional.

Esta decisión deberá darse dentro de una concepción renovada del orden colombiano y una actuación comprometida de los colombianos. Aquí se precisa aceptar el reto del general Rafael Reyes, “a los colombianos hay que ponerlos a hablar de otra cosa”. Atender el llamado de Jorge Eliécer Gaitán hecho en 1947, “El Estado colombiano necesita nuevos rumbos”. Hay que reordenar la república. Hay que contestar dos preguntas del presidente Alberto Lleras Camargo, ¿Cuál es el propósito nacional? ¿Cual es la vocación nacional? Son materia que trataremos en próximas ocasiones.

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