SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE COLOMBIA

RESIDENCIA EN LA TIERRA

Alberto Mendoza Morales

Ya fuimos a la Luna. Ahora tenemos que volver a la Tierra. Sus habitantes, más de 6.000 millones, residentes en caseríos, aldeas, pueblos, ciudades, metrópolis, megalópolis, perdieron, en esos ámbitos cerrados, el vínculo cultural con la naturaleza.

Se impone superar el cerrado y caótico palpitar de la existencia urbana y abrir formas oxigenadas y libres de vivir por fuera de la dañosa, predominante y prevalente antítesis urbano-rural. Implica, por simple dialéctica, reconquistar para la humanidad la síntesis campo-ciudad, posible en la suma orgánica de espacios.

Resultará de un universal proceso simbiótico. Sumará urbanización y ruralización. El vínculo naturaleza-cultura existió cuando la población humana era escasa. Desde sus cuevas, abrigos y viviendas se relacionaba con bosques, aguas, praderas y animales. Crecimiento y evolución la encerró en urbes. La comprometió con valores endógenos. La llevó a la “explotación” de los recursos naturales, como dicen, y a extensas formas de violencia frente a sí misma y al medio que habitaron. La naturaleza, pródiga, herida, intervenida, resultó amenazada por acción propia de la urbanización rampante.

Las ciudades grandes -metrópolis y megalópolis- albergan poblaciones enfermas y caotizadas. Por complejidad y tamaño, ya no dan más. La experiencia diaria lo prueba. La situación reinante nos obliga a desencadenar una corriente de retorno a la naturaleza, un movimiento de contraevolución destinado a alcanzar una nueva forma de ocupar la Tierra. Propósitos: aceptar el territorio como es, un continuum; repensar el dasein de la especie, su ser, su estar, su existir; emprender creativamente nuevos caminos; retornar a la naturaleza.

Las ciudades serán rediseñadas con el concepto integral campo-ciudad. Lo propone la agrópolis. Significa conciencia renovada frente al espacio, reencuentro con la naturaleza, señal de que entendemos la situación reinante, la superamos y entramos a una etapa superior de la civilización, aceptada su vasta e integral magnitud y significación. La reasociación de cultura y sociedad constituirá fecunda realidad. Se fundará en el cuidado y cultivo del patrimonio natural. Campos, praderas, selvas, mares, ríos, paisajes, serán áreas de conservación y cuidado. El aire limpio. Las especies animales y vegetales protegidas, aceptadas en pacífica convivencia.

La fórmula campo-ciudad es ardua, pero necesaria de aplicar. Aceptada, significará que entendimos “la razón de la vida” señalada por Augusto Ángel Maya, destacado filósofo ambiental. Su reflexión nos lanza hacia el mundo desde de aquí, desde Guanahaní, hoy llamada América.

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